La Intervención Focalizada en la Emoción es “un must” para cualquier profesional que ayude, acompañe o facilite procesos individuales y grupales

 

Podríamos decir que, la emoción, como proceso humano y las emociones, como experiencias concretas de ese proceso biológico, están siempre en el candelero de la Psicología, de una manera u otra.

Aunque la emoción es el tópico que está en el centro de la divulgación actual sobre psicología del desarrollo personal y profesional, suele ser presentada en más ocasiones como un fenómeno “en nuestra contra” que como una clave de de salud y crecimiento psicológico. Reflejando una actitud extendida en la sociedad actual, estamos más preocupados de entretenernos y librarnos de cualquier emoción dolorosa o incómoda que de hacernos cargo de lo que realmente sentimos, sin proyectarlo fuera.

 

La emoción… protagonista permanente

 

Si escuchamos con atención la narrativa actual sobre la emoción, notaremos que se presenta la emoción como la consecuencia no deseada de otros procesos considerados más importantes. Procesos cognitivos, considerando la emoción como el resultado del pensamiento. Procesos de comportamiento, considerando la emoción como el resultado o consecuencia de nuestro comportamiento, por ejemplo, cuando un  speaker motivacional nos recomienda sonreír y mostrar actitud.  O como resultado de procesos bioquímicos, por ejemplo, interviniendo sobre nuestros niveles de algunos neurotransmisores, mediante medicación, nutrición o neuromodulación, etc.

La emoción también es presentada con frecuencia como una distracción o impedimento, por ejemplo, el miedo que nos aleja de un propósito personal o como una fuente traicionera de subjetividad, que nos separa de la elección racional y ecuánime.

En la divulgación actual sobre psicología de la emoción, podemos identificar dos grandes tendencias:

  • Narrativas que consideran la emoción como algo que «necesitamos regular», lo que suele querer decir “controlar” o poner a trabajar para nosotros.
  • En el opuesto, narrativas que se posicionan “a favor de la emoción”, como si las emociones fueran la receta mágica que nos devuelve la humanidad perdida, y como si la simple intención de acoger y  “trabajar las emociones” nos fuera a devolver la paz o a diferenciarnos, radicalmente, de quienes se dejan lo emocional fuera de la carta.

La tesis que sostenemos en THAEI, es que:

  • El hecho de que la emoción esté en el candelero de casi cualquier charla de bienestar corporativo, fácilmente identificables dentro de estas dos tendencias principales, no termina de aportar nada, excepto mucho ruido.
  • La psicoeducación eficaz necesita clarificar de manera rigurosa y práctica,  en qué consiste la primacía de la emoción y el proceso humano biológico básico de emocionarse.
  • Es urgente promover las habilidades y actitudes correctas que de verdad permiten mantener el contacto productivo y transformador con nuestro mundo emocional.

 

El proceso de Emocionarse está en el núcleo de la experiencia humana

 

Emocionarme es evaluar una situación desde el centro de mi personalidad, automáticamente y comprender que el lugar donde está ocurriendo mi experiencia emocional es en la intersección entre mi organismo y la circunstancia de la que formo parte inseparablemente. Necesitamos comprender que la experiencia emocional integra desde nuestra postura y fisiología cronificada,  hasta el vector espacial por el que nos llega una imagen, la temperatura del lugar o la prosodia de la voz qué nos habla. Por eso, la emoción es una experiencia contextual, en la que «ser», es existir, percibir y resonar como parte de la situación. Como parte diferenciada, quizá, pero como parte, al fin y al cabo.

Y, por eso, si la situación es calmada y segura, ser-yo-ahí es sentir seguridad en relación con otros. Si la situación es amenazante, ser-yo-ahí es sentir miedo, y así con un largo etcétera de emociones y sentimientos, que nos dicen “lo que pasa” en la escena o circunstancia de la que formamos parte. Por todo esto,  la emoción no pide ni necesita ser meramente controlada, sino atendida, regulada, expresada y usada como plataforma de la que emergen nuevos significados relacionales (e.g., lo que ocurre, lo que necesito, lo que me falta, lo que puedo aportar, lo que soy, lo que somos, lo que deseo, etc.) y nuevas respuestas sociales (e.g., tendencias la acción, intenciones, planes, propuestas, mensajes, etc.).

Queremos hacer notar que no es posible hablar de procesamiento emocional en entornos que no sean psicológicamente seguros, puesto que cuando hay peligro, toda nuestra biología estará sabiamente al servicio de protegernos y mantenernos alerta y preparados para la acción y no al servicio de explorar lo que sentimos. Y que en consecuencia, tampoco se puede hablar de Seguridad Psicológica allá donde no se promueva antes y primero la Salud Mental de Líderes y Equipos. Sin Salud Mental, lo que resulta amenazante para la persona es su propia experiencia emocional interna, pero esta angustia será proyectada en lo de fuera.

Cuando estamos en condiciones de seguridad suficientes podemos acceder al “acerca de” de cada sentimiento. En lugar de manifestar un deseo rápido y angustiado de corregirlo o cambiarlo. Es en condiciones de seguridad dónde podemos explorar ¿de qué va esta tristeza? o ¿de qué me habla esta vergüenza?.

Necesitamos entender que la emoción o emocionarse es, constitutivamente, la fuente de lo que podríamos llamar la “experiencia real”, la que de verdad es experiencia. Solo el contacto con la experiencia real nos proporciona el autoconocimiento o la autoconsciencia suficiente para explorar si nuestro sistema nervioso esta en estado de supervivencia o si por el contrario está accesible a la conexión social con los demás, en qué grado estamos presentes  en nuestras relaciones o por el contrario estereotipados y moderadamente disociados en un personaje aparentemente funcional, si hemos alcanzado o no el nivel evolutivo de organización de la personalidad que permite la sintonización entre mentes y la representación de la mente del otro en nuestra mente, para poder sentir primero… y luego, más tarde,  hablar y expresarnos  manteniendo la conexión con los demás.

 

Cuando la emoción se bloquea, también se bloquea el proceso continuo de construcción de nuestra auténtica identidad 

 

Necesitamos comprender que la angustia que sentimos los seres humanos no siempre es consecuencia de una amenaza o peligro externo, sino que esa sensación de peligro tiene una fuente interna,  es el resultado de tratar de ser uno-mismo-ahí en la  vida… ¡sin conseguir ser!. Esto es, sin conseguir procesar y dar sentido a nuestra experiencia.

Es esto lo que está en el trasfondo de dificultades, síndromes, cuadros o trastornos, que preocupan actualmente a la sociedad y a las organizaciones. Síndromes como Burnout o aquellos que acusan más las nuevas generaciones, como el Boreout o el Brownout, son claros ejemplos de una insuficiente construcción de identidad. No resolveremos nada si seguimos abordando estos fenómenos de manera pragmática, por ejemplo, ofreciendo nuevos retos al joven que con apenas 3 años de experiencia profesional ya se siente indiferente y emocionalmente desconectado de un propósito, sólo porque algunas de sus tareas no son lo suficientemente nuevas y entretenidas.

La difusión de identidad tiene varias fuentes, pero una de ellas es,  sin duda, la falta de un “self emocional”, que sintetice, en tempo real, una sensación integrada y dinámica de uno mismo en el mundo. Y, previamente a eso, la oportunidad de sentir y emocionarse sin perder la conexión social y la reflexión productiva, como antónimo de la disociación entre lo mental y lo afectivo.

¿Quieres ayudar a las personas a desarrollar su identidad desde la experiencia emocional y desde el procesamiento de las heridas y traumas que detuvieron su desarrollo psicológico? Fórmate como «Especialista en Intervención Focalizada en la Emoción” y transforma tu práctica de Ayuda, Acompañamiento o Facilitación.  Descarga el PDF de los Títulos Propios de THAEI y encontrarás toda la información detalladas sobre nuestros Programas Especialista https://api.leadconnectorhq.com/widget/form/7QCrbMF3wx8nLmnXdqm5

Saber cómo apoyar nuestro propio proceso emocional da energía a la conducta y ofrece una experiencia única de valor personal y pertenencia: la de tener un conocimiento propio, socialmente conectado con los demás y altamente significativo.

Ya sabemos que el corazón que tiene razones que escapan a la razón, y que la propia razón, por sí sola, no comprende, por eso, desde niños,  necesitamos ser apoyados para acceder a, desplegar y simbolizar nuestro mundo emocional.

¿Qué implicar ser capaces de apoyar nuestro proceso emocional?

  • Primero y antes que nada confiar en que sabemos más de lo que creemos que sabemos, la emoción es un proceso biológico natural, el cuerpo sabe como regularse cuando tiene la suficiente seguridad para hacerlo.
  • Incrementar progresivamente nuestra tolerancia a las sensaciones incómodas de activación emocional para permitir su despliegue hacia sensaciones cada vez más sutiles y diferenciadas.
  • Confiar en los símbolos e imágenes que aparecen,  cómo forma de conexión entre que ocurre por debajo de nuestro umbral de consciencia y por encima del mismo y que  suelen ser un paso previo para poder «poner palabras» a esa experiencia.
  • Estimular la reflexión productiva para formación de nuevos significados  personales que nos permitan seguir construyendo nuestra identidad social y mentalizar lo que nos ocurre desde un lugar de encuentro con los demás.
  • Permanecer atentos a cómo esos nuevos significados alumbran nuevas emociones y formas de relación con todo lo que nos rodea.

Trabajar desde la emoción: ahora o nunca

 

Comprender la emoción como proceso humano, reedita el dilema hamletiano de Ser o no ser y lo convierte en “ser emocional” o “no ser”.

Cuando un/a especialista en psicología, coaching, formación, medicina, nutrición, orientación educativa, mentoring, desarrollo del talento, liderazgo, salud, seguridad, bienestar corporativo o desarrollo personal, no tiene las competencias necesaria para trabajar de manera focalizada en la emoción, estará con una mano ayudando «de buena fe» y con la otra, sin ser consciente de ello, confundiendo a las personas y aplazando su oportunidad de entrar en contacto con su “experiencia real”, dónde precisamente reside todo su potencial de cambio y evolución relevante.

Así que, si esto te llama, transforma tu práctica profesional formándote como Especialista en Intervención Focalizada en la Emoción  con THAEI.

 

THAEI Services
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.