La Neurociencia Afectiva discute si nuestro segundo cerebro está en el intestino o en los músculos… 

Aunque la neurociencia divulgativa encuentra en  todo ello atractivos titulares para captar la atención en las redes sociales, nada de esto es  tan nuevo como algunos piensan. Más  adecuado que decir que tenemos varios cerebros, sería decir que tenemos un cerebro extendido por todo el cuerpo. Lo que ocurre en el cuerpo, a menudo por debajo de nuestro umbral de consciencia, modula nuestra experiencia psicológica mucho más allá de lo que podemos ni siquiera sospechar. 

En términos jerárquicos diremos que el Músculo es el segundo cerebro y las Vísceras, especialmente el Intestino, el tercero. La carga de la activación simpática del proceso emocional interrumpido queda “fijada en el sistema músculo esquelético” primero. Si la situación no cambia, la carga continua aumentando y aumentando. Generalmente debido a la incapacidad del entorno para respondernos afectivamente como necesitamos y ofrecernos una corregulación eficaz. En este caso experimentaremos la mezcla maldita de profundos sentimientos de soledad unidos a la sensación de inescapabilidad de la situación. Finalmente, si la alta activación ya resulta incontenible por el sistema músculo esquelético, pasará a las vísceras, cronificándose bajo diversas formas de maladaptación o disfunción, que con el tiempo, si no son tratadas en un proceso terapéutico que involucre al cuerpo, darán lugar a múltiples síntomas y síndromes.

Obviamente no es un proceso tan lineal, pero hemos descritos de forma simplificada la evolución que suele observarse cuando existe Trauma de Desarrollo. Muchos de nosotros hemos vivimos, además, experiencias de Trauma Agudo. En estos casos, tan sólo una única experiencia que resulta  demasiado temprana, intensa o rápida para el sistema, puede crear un impacto en el sistema nervioso comparable al de años de trauma relacional. Alterando la reciprocidad  y el funcionamiento coordinado entre distintos sistemas biológicos del cuerpo. Todo shock traumático ya es en sí mismo un shock metabólico.

Los modelos actuales más avanzados para facilitar el cambio emocional en estados de estrés crónico y trauma, insisten en que la integración de sensaciones Interoceptivas, Propioceptivas y Exteroceptivas, es esencial para acceder progresivamente a una fisiología más calmada y regulada. Sólo en una condición  de seguridad, será posible elevar de forma controlada la activación de esas cargas más profundas, que permanecen fijadas en el sistema músculo esquelético y en las vísceras, para que puedan ser descargadas y den lugar a  un cambio natural  en el Sistema Nervioso. Pasando de estado Simpático, preparado para la lucha o la huida, o en ocasiones «tapado» o entumecido por un estado Vago Dorsal,  a otro  estado  Autónomo que permita la restauración de la Conexión Social. La conexión con los demás  es el mayor y principal recurso de regulación emocional del ser humano. De hecho nuestra primera respuesta de defensa cuando nos estamos orientando ante un potencial peligro es la conexión social. Por eso un niño va instintivamente hacia su cuidador si oye un ruido fuerte. Y  a la vez, es a la conexión social a dónde necesitamos  regresar cuando termina el peligro para volver a regularnos. 

 

Los modelos desde los que trabajamos en THAEI

Todos ellos tienen una misma raíz humanista experiencial y una probada  eficacia terapéutica:

  • Terapia Focalizada en la Emoción
  • Focusing
  • Somatic Experiencing
  • SOMA Embodiment

Todos ellos trabajan completando el proceso emocional fijado o interrumpido. El objetivo es una reorganización y transformación de los esquemas de emoción desde los que la persona  responde a las situaciones de su vida. Cuando los esquemas emocionales que organizan a la persona cambian, lo que cambia es la experiencia  que la persona tiene de si misma ahí, en esa situación.  Esto involucra globalmente al cuerpo, puesto que es en el cuerpo dónde se vive la experiencia emocional. Seguro que has oído la frase «Yo he cambiado. Nada ha cambiado. Todo ha cambiado»

Desde los modelos que trabajan con la emoción y el trauma es sabido que el nivel de activación y tono  de nuestra musculatura lisa y estriada,  influencian de forma determinante nuestra experiencia de nosotros mismos y nuestra relación con los demás, así como el significado que le damos a los eventos que vivimos. 

Por ejemplo, un  profundo sentimiento de frustración con tu vida,  puede tener más que ver con un estado de alta activación por rabia,  el cual que permanece acoplado, es decir, no diferenciado o superpuesto, con un estado de inmovilidad tónica debido al miedo, que sólo con tu realidad externa actual. Para hacerlo sencillo, si repetidamente no expresé mi rabia por miedo y tuve que disociarse de ese estado de alta activación sin acción, porque sentir tanta rabia y tanto miedo a la vez, era demasiado para mi sistema, ese estado no desaparece,  sino que permanece fijado en mi musculatura y vísceras, por debajo de mi umbral de consciencia, como una fisiología de impotencia, desde la que sigo respondiendo a situaciones del presente. 

En casos como este, expresar tu rabia en estado simpático, por ejemplo, dando patadas a un saco de boxeo en el gimnasio, no completará el  proceso emocional interrumpido. Aunque después de hacerlo, eso no lo negamos, te quedarás muy a gusto y agradablemente cansado. Lo sentimos mucho, cuando se trata de cambio emocional profundo y duradero, la catarsis no funciona. Necesitarás  la ayuda de un profesional que sepa cómo abordar la dificultad de procesamiento emocional que te mantiene estancado . 

Tampoco será suficiente con practicar mindfulness a diario. Aunque sí es una práctica 100% recomendable para reducir estrés, desarrollar funciones ejecutivas y recuperar conexión contigo mismo. De nuevo, no es suficiente para abordar lo que mantiene interrumpido tu proceso. 

De hecho, ¿sabes que  muchos meditadores son clientes difíciles de terapia? Han creado un fuerte anclaje para “ir” con facilidad a estados de relajación que en realidad tienen un fuerte componente disociativo.  Estos estados actúan como una especie de  bypass o atajo automatizado que dificulta que la persona logre acceder a la carga de activación simpática que necesita descargar para volver a una conexión más social consigo misma y con el mundo. La carga queda “tapada” por debajo de ese aparente bienestar que logran con la práctica meditativa, mientras por otro lado, a menudo aparecen síntomas o síndromes.

 

Conoce los Títulos Propios de THAEI

En el ejemplo que poníamos antes, la persona necesita ser ayudada a salir de dicho estado de fijación, expresando la rabia por un lado y el miedo por otro.El conocimiento experto que permite acompañar un proceso emocional interrumpido pertenece al campo del trabajo psicoterapéutico profundo con la emoción y el trauma. ¿Puede entonces un coach, un mediador o un facilitador de grupos enriquecer su práctica  sin transgredir los límites responsables que le marca su contexto? La respuesta es sí, siempre y cuando haya logrado hacer una integración consciente de ambas disciplinas y respete los objetivos consensuados con el cliente para su intervención. 

En THAEI entrenamos a coaches ejecutivos,  de vida, de salud, de equipo, counselors,  nutricionistas y especialistas en talento, liderazgo y bienestar, para integrar  responsablemente este conocimiento en su práctica profesional. De modo que pueden ir un paso más allá de lo que se logra en una intervención convencional, siempre y cuando ayudemos o acompañemos a población no clínica y dentro del permiso que  nos da el contexto.

Descarga aquí el pdf informativo de los Títulos Propios de THAEI:

https://api.leadconnectorhq.com/widget/form/7QCrbMF3wx8nLmnXdqm5

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O contribuye a transformar las organizaciones formándote en la tercera edición del Programa “Especialista en Desarrollo Sostenible”. 

 

 

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