Las bases de la recuperación en los casos complicados

Las lesiones deportivas son un fenómeno que trasciende lo puramente mecánico. En realidad, cualquier lesión lo es, y los procesos de recuperación después de la cirugía o de otras intervenciones médicas tienen en común una serie de factores, que, en el caso de los deportistas de competición, se intensifican. Factores a los cuales hay que añadir cuestiones específicas en este grupo y las correspondientes modulaciones por género e incluso por disciplina.

La lesión, más allá del daño físico

Hay factores psicológicos, bastante bien estudiados, que muestran cómo algunas variables influyen en la adherencia a los tratamientos y en la confianza que la persona tiene en su cuerpo tras una lesión, especialmente cuando esta ha sido grave. Aquí podríamos incluir cuestiones de personalidad y de aprendizaje, que modulan la relación con el cuerpo y con el dolor, y que pueden ser planteadas desde una óptica focalizada en la emoción.

El factor psicológico es el factor emocional

Así, la percepción del dolor o la presencia misma de este, así como la eficacia relativa de los analgésicos, están moduladas por creencias, expectativas y procesos de rumia o preocupación. Sin embargo, cabe preguntarse cuál es la fuente de estos factores e incluso cuál es su naturaleza. Por ejemplo:

  • La rumia parece ser el resultado de intentar resolver pensando, algo que no está resuelto en el plano emocional y que se basa en un sentimiento de fragilidad o de inseguridad, que se despierta a partir del trauma de la lesión: un momento en la vida, en el que algo demasiado drástico amenaza la viabilidad de una carrera y, en algunos casos, la sensación de seguridad de un self que se había parapetado tras una dinámica deportiva de entrenamiento rendimiento y competición. Rumiar es lo que queda, cuando en mi desarrollo, ante el miedo o el dolor, ha sido imposible volver la mirada hacia otros con capacidad de regulación afectiva.
  • En otros casos, el dolor parece ser más un equivalente depresivo: una expresión emocional desvinculada de un relato y de una memoria que, pronto, cierra el círculo de la desesperanza, al hacer inescapable la presencia de la adversidad. En estos procesos, el escenario de lo interpersonal y biográfico queda desplazado a lo mecánico y plenamente actual del cuerpo biomédico.

Otra mirada al proceso de recuperación: reparar el self

Por tanto, desde una perspectiva focalizada en la emoción, el proceso de recuperación, una vez se ha actuado medicamente, no parece quedar tan claramente separado del propio momento de lesión. Es decir, desde una perspectiva física, la diferencia es clara: lesión-atención de urgencia-tratamiento específico-rehabilitación-recuperación.

Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, volver a andar, a correr, a saltar, etc., implica una serie de acciones y procesos, que ponen en tela de juicio la confianza en la resistencia de los tejidos reparados. Confiar, en ese sentido, es bajar la alerta y entregarse, pero eso no siempre es posible para un organismo asustado. Y aunque hay muchas explicaciones funcionales sobre las dificultades en estos momentos, aquí insistimos en una que puede ser de especial interés para psicólogos/as del deporte y terapeutas que quieren prevenir o intervenir en torno a la recuperación de lesiones:

  1. Emocionalmente, el tejido dañado y reparado puede ser vivido directamente como el self emocional roto, que no queda necesariamente reparado por la acción médico-quirúrgica, que recae sobre el self corporal. Esto es más probable en las personas que han interrumpido sus emociones por causa del trauma momentos tempranos del desarrollo y en entornos vinculares adversos, en los que la alexitimia era una buena adaptación momentánea, pero una mala inversión de cara al futuro.
  2. Aquí la recuperación de la lesión implica no solamente manejar el malestar derivado de la preocupación (ansiedades y miedos), sino “procesar el modo de procesar la experiencia emocional” , para alcanzar un nivel de congruencia mayor y un modo de estar presente y no disociativo.
  3. Así, escuchar el relato sobre la lesión y las dificultades, se convierte en una oportunidad para profundizar emocionalmente y estimular el desarrollo y la maduración psicológica a través de la empatía, de la focalización en el cuerpo y, en general, del desarrollo de la consciencia somática.
  4. Trabajar con el dolor, implicará dar voz al cuerpo y permitir que ese dolor se exprese en palabras, así como superar los procesos de autointerrupción emocional.
  5. Manejar la ansiedad implicará pasar de los procesos de auto-asustarse respecto a los riesgos de reiniciar la actividad deportiva (a través del diálogo de las dos sillas, por ejemplo), a los procesos más profundos de asustarse respecto a alguna fragilidad personal, que hunde sus raíces en los momentos en que, suprimir la emoción y desarrollar un falso self, resultó funcional.
  6. Y trabajar con el autoconsuelo compasivo implicará algo más que desarrollar una actitud compasiva hacia el self, para aportar una experiencia de cambio emocional profundo, basada en momentos intensos de regulación del afecto reparadora.

Los/as psicólogos/as del deporte y los/las terapeutas que trabajan en este ámbito, se beneficiarán de una formación en intervención focalizada en la emoción, en la medida en que aprendan a trascender y a formular los fenómenos de catástrofización del dolor (caracterizados por pensamientos como “Nunca me recuperaré” o “Me voy a lesionar otra vez”), para acceder a los sentimientos subyacentes activados por las lesiones y que, cuando son evitados, se expresan solo en su dimensión cognitiva como cogniciones distorsionadas, preocupaciones o incluso imágenes intrusivas.

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La adherencia al tratamiento y a la rehabilitación, así como la percepción subjetiva del dolor y las compensaciones físicas que generan patrones motores anómalos (resultado de evitar un funcionamiento confiado), responderán mejor a intervenciones orientadas a resolver la angustia de base. Lo cual, implica ofrecer la seguridad suficiente como para acompañar a estos pacientes en el reconocimiento de las historias de vida, que justifican las adaptaciones a las que nos hemos referido antes (alexitimia, interrupción emocional, preocupación etc.).

Reconstruir identidad: el desafío emocional tras la lesión

En otros casos, las lesiones suponen una interrupción inesperada en la trama vital, que provocan la pérdida de un rol deportivo o, incluso, del estatus dentro de un equipo, por no hablar de la reducción de las endorfinas derivadas de las rutinas activas en personas que han venido regulando sus estados de ánimo con el entrenamiento intenso. Esto puede conducir a síntomas depresivos, de frustración o de irritabilidad, que afectan a la motivación, provocan indisciplina en las rehabilitaciones fisioterapéuticas y comprometen la recuperación real.

En esos pacientes, el significado de la lesión y del proceso de recuperación es, directamente, el de una amenaza al modo en que se había construido una identidad deportiva, como solución a experiencias emocionales de base, organizadas en torno a emociones de vergüenza, abandono, soledad, perdida, inseguridad, etc. De ese modo, la lesión y la pérdida del rol, del estatus o de la capacidad deportiva, dejan a la persona sin armadura o sin plan y la reconstrucción existencial se sitúa en la base de la recuperación funcional.

Así que si eres un profesional de la Psicología del Deporte o trabajas en estos ámbitos y te encuentras con casos similares a los que hemos citado (como los cuadros de kinesiofobia, tan frecuentes en las lesiones de rodilla, espalda o tobillo), quizá quieras plantearte cómo ayudar a las personas a contactar con su self emocional herido. Y no solo a sobreponerse a la amenaza física o a las creencias disfuncionales sobre esta amenaza, que no van a ceder fácilmente frente a un planteamiento racional, ni a la mera exposición a las situaciones temidas.

Un paso a delante

Si trabajas en psicología del deporte, fisioterapia o terapia psicológica con deportistas lesionados, este es el momento de replantearte el modo en que entiendes la recuperación. Las lesiones no solo afectan tejidos: conmueven identidades, reactivan heridas afectivas y ponen a prueba la capacidad del self para confiar, entregarse y volver a habitar el cuerpo sin miedo.

La Intervención Focalizada en la Emoción ofrece herramientas precisas y eficaces para acompañar ese proceso, ayudándote a:

  • Acceder experiencialmente al self emocional herido.
  • Mirar más allá del síntoma físico, reconociendo los significados personales y biográficos activados por la lesión.
  • Escuchar el dolor como un mensaje, no solo como un obstáculo.
  • Ayudar a tus deportistas a reconectar con su capacidad de sentir y no solo con su capacidad de rendir.
  • Integrar emoción y cuerpo, trabajando de manera interdisciplinar y coherente.

Da el paso e incorpora la emoción como aliada en la rehabilitación cursando el Programa de Intervención Focalizada en la Emoción de THAEI.

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