¿Tu Autocrítica es implacable?: Ia Intervención Focalizada en la Emoción va un paso más allá del Coaching
Dedicamos una serie de 4 post a reflexionar sobre la eterna discusión acerca de los límites entre el Coaching y la Terapia.
Desde THAEI afirmamos que:
- Las habilidades fundamentales de coaching y sobre todo las actitudes del coach, tienen su base en la Psicoterapia, especialmente en la Psicoterapia Humanista Experiencial y centrada en la Persona. Por lo tanto, en sentido estricto, son habilidades terapéuticas.
- Los modelos de coaching han creado protocolos y modelos que permiten trabajar con dichas habilidades, eminentemente terapéuticas, con el objetivo de movilizar y actualizar la “parte sana de la personas” para el logro de un objetivo de cambio. De nuevo no hay diferencia, este trabajo de fortalecer la parte sana lo hacen también todos los buenos modelos psicoterapéuticos.
¿Entonces qué valor diferencial ha aportado el coaching? Reconocemos que los modelos de Coaching más validados, han hecho un trabajo excelente definiendo protocolos y encuadres que permiten trabajar aisladamente con la parte sana a favor de nuestros objetivos. Han logrado esquivar con elegancia quirúrgica las partes o procesos problemáticos o no sanos, previniendo que un Coach sin conocimiento de Salud Mental pudiera dañar involuntariamente a su coachee, al no ser competente para trabajar con emociones desadaptativas y huellas de memoria traumática.
A nuestro juicio las habilidades de coaching son, en cierto modo, un subconjunto de las habilidades terapéuticas.
En esta entrada te contamos cómo una Intervención Focalizada en la Emoción puede ayudarte a ir más allá del Coaching, de forma segura, con clientes que tienen una autocrítica intensa. También revisaremos las señales que indican que es el momento de derivar a un profesional de la Salud Mental, cualificado para un trabajo profundo con la emoción desadaptativa o problemática.
¿La Autocrítica siempre es dañina?
La autocrítica es un proceso psicológico complejo de base emocional. ¿Qué queremos decir al afirmar esto? Pues que no va a resolverse reflexionando a nivel cognitivo. De nada servirá analizar y comprender cuáles de nuestras creencias son limitantes y cuáles son empoderantes. Este proceso de base emocional puede ser un mecanismo valioso cuando funciona como una brújula ética o una motivación para crecer y mejorar.
Una autocrítica saludable:
- Representa una oportunidad de crecimiento psicológico y moral. Deberían preocuparnos las personas que, especialmente cuando ocupan roles de liderazgo, cuidado o crianza, tienen poca capacidad de revisar el daño emocional que causan, porque todos nosotros lo causamos, seamos conscientes de ello o no.
- Va a ser un proceso importante y productivo en el desarrollo psicológico y emocional de las personas. Aún más claramente en el caso de los perfiles con Alto Potencial de Aprendizaje. Los perfiles de alto potencial suelen tener una constante intuición de que son capaces de hacer algo más y mejor que lo que hacen.Frecuentemente observaremos una alta meticulosidad y exigencia personal. No es el tema de hoy, pero casi podría decirse que estos perfiles tienden a atravesar crisis en distintos momentos de su vida para actualizar sel potencial de desarrollo psicológico y emocional que grita dentro de ellos/as.
Entonces, si la autocrítica puede ser un proceso intrapsicológico que estimula nuestro desarrollo y crecimiento, especialmente el social e interpersonal, además del intelectual o técnico… ¿cuándo se vuelve problemática?
Existen señales que nos hablan de una autocrítica subclínica, es decir, de procesos autocríticos que, aunque aún no han derivado de un trastorno diagnosticable y quizás nunca lo hagan, sí están limitando el crecimiento psicológico y emocional de la persona.
Podemos identificar una autocrítica dañina cuando:
- Tiene un fuerte sesgo hacia lo negativo, es decir, persigue tus errores y no tu crecimiento.
- Mantiene estándares inalcanzables y que niegan cualquier forma de falibilidad o límite, físico o mental.
- Te compara con otras personas que aparecen siempre como superiores en algún aspecto o socialmente más deseables.
- Te asusta con todo lo rechazable que vas a aparecer a los ojos de otros, lo que conduce a una búsqueda continua de validación y reaseguración de cómo me ve el otro.
- Te activa emocionalmente y te cuesta sostener el justo reconocimiento, la apreciación de otros, la alegría por el trabajo bien hecho, el orgullo, etc.
- Te sientes culpable por casi cualquier cosa que implique autocuidado o priorización de tus necesidades, desde descansar hasta desear algo mejor para tu vida.
- Procrastinas en tareas complejas y en las que es probable que experimentes desafío y sensación de incompetencia e incertidumbre, al menos durante un tiempo.
Al tratarse de un proceso subclínico, la autocrítica no está en el corazón mismo de la forma en que la persona se relaciona con su experiencia emocional, pero sí se hará notar en momentos de especial vulnerabilidad o de alta demanda emocional. Por ejemplo, durante el onboarding en n nuevo rol, durante un proceso de duelo o ruptura, ante un fracaso o error, durante el acompañamiento a un familiar enfermo, cuando se ha dañado una relación importante porque se ha actuado de forma incoherente, negligente o evitativa, etc.
Una autocrítica puede considerarse subclínica desde una perspectiva cuantitativa, es decir, cuánto malestar crea por la intensidad y frecuencia con la que aparece o cualitativa, cuando no se debe a una vulnerabilidad emocional originada por el daño producido en las relaciones significativas, sino por la mera condición social humana de sabernos bajo la mira del otro y el natural deseo de ser aceptados.
¿Cómo trabaja el Coaching con una voz o parte del self crítica?
Desde el coaching no se despliega el proceso intrapsicológico problemático. En su lugar, la parte crítica se externaliza, se pone fuera. De esta forma se evita precisamente activar la emoción desadaptativa subyacente.
Lo que la mayor parte de los modelos de coaching suelen hacer es:
- Externalizar la voz o parte crítica para poder observarla y escucharla con más claridad y sin identificarnos con ella, esto es, con más distancia de trabajo. Se suele recurrir a visualizarla como si fuera un personaje que nos acompaña. Generalmente recurrimos a nombres e imágenes que hacen que ese personaje se sienta más “pequeño”, menos amenazante y con menos poder Por ejemplo, un “enanito gruñón al que le molesta y le parece mal casi todo lo que hago”.
- Inducimos una forma de relación afectiva compasiva con esa parte del self, reconociendo su presencia, que nos pertenece y su profunda intención de protegernos, lo cual suele resultar en una actitud interna más inclusiva con nuestra “sombra”.
- “Tirando del hilo” del diálogo automático de esa parte crítica, buscamos las creencias limitantes más profundas, sobre uno mismo, los demás o el mundo, en las que dicho diálogo interno hunde sus raíces. Asumimos que son esas creencias más profundas las que provocan las emociones, su causa generadora y que al sustituirlas por otras más empoderantes la emoción resultante también será diferente.
- Se busca corporeizar la experiencia para ayudar a tomar conciencia de ella. Se suele recurrir a amplificarla, haciendo esculturas y dinámicas de movimiento, lo que permite que el coach pueda actuar como un espejo y ayudar al coachee a apropiarse de todo lo que está implícito en esa creencias y el estado emocional que provoca. Gracias a este tipo de ejercicio el coachee puede percibir las diferencias entre un yo organizado bajo una creencia de base emocional versus otra y notar todo aquellos que es distinto y que emerge como posibilidad en el nuevo estado asociado a la nueva creencia.
- También anclamos emocionalmente esa nueva perspectiva o estado más adaptativo utilizando algún tipo de asociación repetida, una palabra, una imágen, un título cómo si se tratara de una película, etc. Este anclaje funciona como asociación que ayuda al coachee a “llamar” o evocar a este nuevo estado y organizarse desde él para afrontar futuros desafíos, movilizar recursos y encontrar soluciones para avanzar hacia su objetivo.
¿Cómo puedes ir un paso más allá del coaching con una Intervención Focalizada en la Emoción?
Para comprender lo que aporta la Intervención Focalizada en la Emoción, necesitamos abrirnos a un nuevo paradigma. El que nos propone la Teoría de la Emoción y la Neurociencia Afectiva. Desde este nuevo marco teórico, dejamos de entender la emoción como el producto de un diálogo que emerge de creencias profundas. En su lugar, colocamos la emoción en el centro, como el principio que organiza toda la experiencia humana y que se manifiesta también en creencias y no al revés. De hecho muchas emociones que aún hoy organizan nuestra experiencia tienen su origen en momentos preverbales, cuando aún no había lenguaje disponible para articular lo que ocurría como una creencia abordable en un proceso de coaching..
En este marco, el pensamiento y la creencia deja de ser causas para convertirse en un subproducto de la emoción, que es la que organiza corporalmente a la persona para ser y estar en el mundo.
Desde una Intervención Focalizada en la Emoción e informada por Trauma, lo que hacemos para trabajar con una voz o parte del self crítica más allá de lo que hace el coaching convencional, es:
- Representar proceso intrapsicológico tal y cómo sucede (en inglés diremos enact, que significa representar o dramatizar), lo haremos para activar precisamente la emoción problemática o desadaptativa cuyo proceso está interrumpido.Lugar que el coaching evita activamente. Huiremos de cualquier forma de regulación a la baja de la emoción que implique supresión o control que silencie el dolor, como por ejemplo, inducir deliberadamente una actitud compasiva o hacer más amable la emocionalidad real implícita en esa parte crítica.
- Apoyamos a la persona para que pueda sostenerla activación emocional, de alta carga simpática, dentro de la ventana de tolerancia. Es decir, ayudamos a sentir lo que hay de forma desacoplada del miedo, previniendo que “sea demasiado”, “que asuste” y la persona pueda disociarse de su experiencia. Previniendo también la catarsis, o mero desahogo que generalmente no produce un procesamiento productivo de la emoción.
- Dirigimos el proceso para facilitar la coactivación de la emoción primaria adaptativa dialécticamente opuesta, que reorganiza a la persona bajo una nueva vivencia de si misma en esa situación o en esa relación. Por ejemplo, donde la vergüenza desadaptativa lleva a bajar la mirada el enfado asertivo sano lleva a mirar a los ojos y confrontar una injusticia.
- Favorecemos que esta emoción primaria adaptativa surja como una respuesta viva, que nade de una necesidad del organismo en ese mismo momento, no inducida. Una vez que aparece facilitamos que pueda convertirse en un sentimiento matizado, que puede ser expresado en estado social vago ventral, es decir, en conexión con los demás.
- Facilitamos la estabilización e integración del cambio emocional corporalmente sentido que señala el cambio terapéutico. Acogiendo las sensaciones corporales emergentes y facilitando que expandan y resuenen por todo el cuerpo y permitan a la persona articular una nueva narrativa sobre si misma.
Abrimos este nivel de trabajo Focalizado en la Emoción, que va más allá del abordaje convencional de coaching, centrado por definición en la parte sana del coachee, para clientes motivados con lograr un crecimiento psicológico a través del procesamiento productivo de su dolor emocional. Distinguiendo con claridad cuando podemos ofrecer este tipo de crecimiento de forma segura y cuando corresponde pedir ayuda a un especialista en Psicoterapia.
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¿Cuándo derivar a un profesional de la Salud Mental?
Para derivar a un profesional de la salud mental no es necesario que la persona cumpla los criterios de un diagnóstico clínico, precisamente lo que queremos es prevenir que llegue ahí. Por eso es importante que los coaches puedan detectar esas banderas rojas, que indican que un/a coachee requiere la intervención de un profesional de la salud mental, con un conocimiento especializado en psicoterapia.
Estas son algunas de las señales que nos indican que se requiere intervención psicoterapéutica:
- La voz o parte crítica muestra un claro rechazo, hostilidad y desapropiación ante las emociones que expresa la persona Atacando y juzgando su experiencia de forma implacable. Generalmente, de forma más intensa en los momentos de mayor vulnerabilidad.
- La voz crítica es penetrante, es decir, ha permeado en todo el self. Notaremos que la persona tiene poca capacidad de observar su voz o parte crítica con la suficiente distancia de trabajo. Es como si estuviera en total acuerdo con lo que esa parte expresa y eso inundara toda la experiencia que la persona tiene de si misma.
- La persona intenta restablecerse retirándose del mundo, recurriendo a la soledad y el aislamiento emocional como manera de restaurar el yo herido. Aquí pueden observarse diferencias de género y culturales, más a menudo son los hombres los que se retiran incluso de aquellas relaciones cercanas que implican intimidad y contacto.
- Esa parte o voz crítica funciona casi como una subpersonalidad que toma el control de ciertas situaciones, tan pronto como percibe la más mínima sensación de amenaza. Esta subpersonalidad que toma el control, impide a la persona entrar en contacto con su experiencia interna interna y arruina cualquier posibilidad de conexión social auténtica con los demás. Algunas personas pueden funcionar de esta manera disociada casi de forma crónica, especialmente cuando se sienten más vulnerables, generalmente en los roles más importantes de la vida. Por ejemplo, cuando el equipo que lidero no logra resultados, cuando tengo conflicto con mis familiares, en las relaciones de pareja o en mi faceta de madre o padre, etc.
- Cuando la crítica no es sólo internalizante, es decir, una forma de relación conmigo mismo, sino que se manifiesta también de forma externalizante, con forma de juicios, críticas, hostilidad, desconfianza, cautela, impulsividad,e tc. en la relación con el entorno o con comportamiento adictivos o contraproducentes.