En busca de un modo más social y humano de resolver problemas y relacionarse

“¡Rápido, rápido!”, “¿Para cuándo? Para ayer”, “No tengo mucho tiempo, así que dame, por favor, unos tips para…” Estoy seguro de que en el rol de experto en resolver “problemas soft en el que te mueves, te han pedido tips y consejos fáciles para enderezar o manejar situaciones y problemas, en lo que lo psicológico juega un papel importante.

Cuando los ‘tips’ ya no alcanzan

Ya se trate de problemas que se presentan como asuntos intrapersonales (como la autoexigencia o la autocrítica) o de cuestiones que se dan en el plano interpersonal (como la conflictividad en los equipos, el clima de aula o de grupo, etc.), es tentador pedir (y también dar) claves sobre qué hacer para resolverlos o para, al menos, mejorar la situación.

Por qué los consejos no cambian lo que duele

Pero la verdad es que, en términos nutricionales, estamos hablando, en el mejor de los casos, de pan para hoy y hambre para mañana. Primero porque los consejos solo funcionan bien en quien no los necesita. Es decir, en quien está preparado para observar con calma, escuchar sus reacciones emocionales, entender de qué le hablan (presente y pasado) y expresarse asertivamente, articulando en la conciencia y en el leguaje aquello que siente, lo que necesita de otro y lo que quiere de la situación. Todo ello, desde un estado de calma y presencia, que minimizan la reactividad interpersonal (e.g., la bronca, la pasividad o las respuestas pasivo-agresivas), tanto como la reactividad interpersonal (e.g., la autocrítica, la desesperanza, la ansiedad, etc.).

Y, en segundo lugar, porque un buen consejo nace de una buena comprensión de “lo que pasa”, que surge de un estar o ser emocional y, entenderlo y poder hacerse cargo de él, requiere, a su vez un estado análogo. Así que quien pide “tips para…”, no solamente no sabe lo que busca, probablemente no entiende lo que le digamos y casi seguro, tampoco podría aplicar el consejo.

Del ‘dame tips’ al ‘cuéntame’: un giro que transforma

¡Qué pesimista! ¿No? Pues no, porque como todos sabemos, un pesimista es solo un optimista bien informado. Por eso, si tú me dices “Dame tips”, yo te digo “Cuéntame”. Y si tú me cuentas, en mi esfuerzo empático por entenderte, reflejaré y sostendré los aspectos emocionales más vivos o dolorosos de tu discurso, de modo que contribuya a tu autoclarificación y, quizá, a la comprensión de lo que está en juego en la situación para la que me pides ayuda.

Si tú me cuentas y yo te escucho así, con las habilidades de la Intervención Focalizada en la Emoción, además, experimentarás una serie de emociones, de un modo regulado y sostenible, pero vivo y corporal, que nos hablan de la complejidad de una situación. Es decir, de los sentimientos, necesidades y significados personales de aquellos que participan en ella. Y eso nos abrirá a una comprensión (coconstruida) del asunto y al famoso “darse cuenta” ¡del que emerge el consejo útil!

En favor de un modo verdaderamente humano

Así que “¡Rápido, rápido!” pasa a ser “Tomémonos un minuto” (invirtamos en un tiempo verdaderamente útil y generativo). Y el “Dame unos tips para…” se convierte en ayúdame a pensar en…” (que paradójicamente es un pensar sintiendo). Algo que, desde luego, no solo se traduce en eficiencia a corto, medio y largo plazo, sino que constituye un modo más social y humano de trabajar y de relacionarse.

Un modo de ser, si queremos, que se basa en una serie de competencias de trabajo focalizado en la emoción, adaptables a múltiples ambientes. Y que puedes desarrollar gracias a los Títulos Propios de THAEI. Fórmate como «Especialista en Intervención Focalizada en la Emoción” y transforma tu práctica de Psicoterapia, Coaching, Counseling o Acompañamiento.  Descarga el PDF con toda la información detalladas sobre nuestros Programas Especialista https://api.leadconnectorhq.com/widget/form/7QCrbMF3wx8nLmnXdqm5

Apoyado en una formación práctica y sólida, proyectarás tu trabajo con estas macro-habilidades:

  • Lo que llamamos Sintonización Empática con el Afecto, como modo de crear presencia y un foco funcional en la emoción, para lograr contacto y conexión entre las personas y con uno mimos, sostener emociones si pasar demasiado rápido a la acción y construir relatos o narrativas a partir de la experiencia vivida.
  • Formulación de Caso, como modo de alcanzar comprensiones compartidas y bien fundamentadas sobre lo que ha pasado, sobre lo que pasa y sobre podríamos hacer para generar un cambio. Es decir, como modo de construir alianzas de trabajo apoyadas en un sentimiento de seguridad psicológica (que nos permite arriesgar e ir más allá), acuerdos acerca de los fines y metas del trabajo en el que nos embarcamos y acuerdos acerca de los medios técnicos que utilizaremos para recorrer el camino.
  • Procesos experienciales que permiten regular y sostener emociones difíciles o desafiantes, y generar información o significados a partir de ellas. En ocasiones para activarlas y no dejar que se apague la llama de la emoción, evitando así que se pierda su mensaje implícito. Y, en otras, para rebajarlas de modo que su irrupción en la conciencia o su despliegue en el cuerpo no desorganicen el pensamiento o se haga necesario desconectar la mente.
  • Ejercicios vivenciales que traen novedad y cambio emocional, al facilitar la comunicación entre partes de la persona, cada una de las cuales pivota sobre un sentimiento (frecuentemente evitado) y sobre un asunto inconcluso, que habla de una situación en la que todo ocurrió demasiado rápido o demasiado a cuentagotas, demasiado pronto o demasiado tarde, demasiado violentamente o con demasiado azúcar como para poder hablar las cosas y entenderse.

Da el paso hacia una manera más profunda, humana y eficaz de acompañar procesos personales y profesionales. Aprende a trabajar desde la emoción, con presencia y sintonía, uniéndote a la formación en Intervención Focalizada en la Emoción de THAEI y transforma tu forma de ayudar, definitivamente.

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